ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN

DEL BOSQUE AUTÓCTONO EN VALLADOLID

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MARTES de 18 a 21 h. en el vivero:

Facultad de Medicina, entrada por c/ Real de Burgos s/n

frente a la residencia Alfonso VIII.

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lunes, 14 de marzo de 2011

En Hontoria con Julián


En la época de los almendros en flor y las nubes rosas puntillistas suspendidas en el aire de la ciudad viajamos a plantar en Hontoria de Valdearados. Ye sábado, 12 de marzo; cargamos lo habitual y nos embutimos cuatro y tres personas en dos vehículos.

Hemos apartado planta el martes, quejigo, encina, jerbos y rosal silvestre. Julián trae quejigos con planta acompañante en el propio brik y rosales y jaras en briks y Digitalis obscura que dicen es venenosa aunque hay gente que le tiene gran cariño y aprecia sus bellas flores (esto me recuerda un cuento de Nathaniel Hawthorne, de sus Musgos de una Vieja Abadía)

Con placer y alegría contemplamos a través de la ventanilla del coche como discurre el paisaje salpicado por almendros en plena floración rosa o blanca. Aligera el corazón esta efusión botánica.

Sobrecogidos por el terremoto y tsunami de Japón, el comentario es general y en la tele del bar pasan luego las imágenes repetidas más espectaculares, no se si más informativas. Duales somos y nos rodea cara y cruz, blanco y negro.

Javi propone parar cerca de Tudela de Duero para ver vegetación de una ribera y secuoyas. Se acoge la propuesta favorablemente y desfilan ante los ojos esos grandes árboles, madreselvas, violetas pequeñitas, almendros jóvenes y otras de cuya etiqueta no me acuerdo. Javi es amigo de las pausas y nos detenemos en Peñafiel a por pan de coscoja en una panadería junto al río. Unos panes con un aspecto delicioso parecidos a una torta de aceite pero sin dejar de ser pan. Huele tan bien como parece y el sabor… ¿Pero por qué no venden algo así en la panadería de la esquina? Javi generosamente me designa corta cachos y repartidor de estos trocitos de gloria entre los ocupantes de la máquina con ruedas. Por desgracia acabo de desayunar y el estómago está cerrado como una iglesia de pueblo cuando te acercas a visitarla. Más tarde, después de estirar un poco las piernas se abre y me permite saborear este alimento magnífico y sabroso.

Para cuando llegamos –tarde-- a Quemada, pueblo al lado de Hontoria JoseLuis llama inquieto para zurrarnos por teléfono.

En el pueblo Julián nos recibe con su sonrisa acogedora y tímida casi diría reflexiva o tal vez enigmática detrás de su magnífico bigote – ¿tenemos nuestra propia Mona Lisa en ARBA?--. El pelo le ha crecido y no se ha afeitado. En ambas cosas nos damos la mano. Misael con su gorra también saluda y ambos, enemigos de la prisa, nos acompañan al bar a tomar un cafetito que lo primero es lo primero.
En el bar la pechugona de turno del Interviú nos muestra sus esplendores ahora sí y ahora no según el ángulo en que la miremos. Es un añadido curioso e hilarante a la portada. Recuerdo esas pegatinas que regalaban (¿con las galletas? ¿o con los bollos?) de cualquier escena donde encajara esta ilusión de movimiento, por ejemplo un futbolista cuya pierna parecía moverse para chutar según miraras desde la derecha o desde la izquierda.

En una repisa detrás de la barra una pila de dvds suscita mi curiosidad y la amable camarera explica su historia sonriendo halagada ante el interés mostrado, orgullosa de la tradición local: Resulta que en tiempos de la guerra de independencia el párroco de la localidad se apellidaba Merino y los franceses le confundieron con el famoso guerrillero facilitándole el tránsito a mejor vida con su característica amabilidad. La gente del pueblo, molesta, no lo vio bien y se dedicó a manifestar su desacuerdo aporreando cabezas galas motivo por el cual se celebra una francesada cuya edición de 2010 ha sido filmada y plasmada en aquel soporte informativo circular.

La plantación se desarrolla en un antiguo vertedero donde abundan esas piedras calizas que nadie planta pero misteriosamente abarrotan algunos terrenos. No somos muchos pero más tarde se acercan algunos refuerzos que nos saludan calurosamente agradecidos de que hayamos venido hasta su pueblo a plantar. El tiempo transcurre entre apariciones de fauna: unos buitres leonados nos sobrevuelan con los “dedos” de los extremos del ala doblados hacia arriba señalando el reino al que pertenecen seguidos por ¡una cigüeña negra! Es la primera vez que veo una y no resultan fáciles de observar así que su aparición nos llena de euforia aunque su rareza suscita un primer momento de incredulidad. También nos visita un eslizón (reptil entre lagartija con patas atrofiadas y culebrilla) que se agita nervioso entre las sabias manos blancas que le retienen calmándole y una pequeña mantis religiosa que parece venida de otro mundo, la Empusa pennata. Llegan la mujer y una hija de Julián y aportan tarea. Somos poquitos para tanta planta y terreno tan duro y pedregoso pero el día nos respeta en una especie de pacto tácito sin llover ni gota mientras doblamos el lomo a pesar de que en el camino ha caído y a la vuelta caerán buenas mantas de agua. Julián insiste en que no se trata de batir ningún record y a cosa de las 14 horas plegamos velas y recogemos cabos. Ha sobrado o mejor dicho ha quedado sin plantar alvéolo y medio de encinitas a pesar del ahínco de Javi y los esfuerzos de todos incluido el clan Alvear. El amigo del buen pan encuentra una de esas llaves antiguas en el vertedero y después, en el bar, me la regala. Está oxidada y sucia, con tierra en sus recovecos pero tanto Javi como JoseLuis en seguida aportan la solución para dejarla como nueva. De modo que riendo agradecido le endoso a este último el objeto para que proceda (por hablar y por el disgusto que me produce el bricolaje sumado a la nula habilidad en él procedente de una educación inadecuada de pequeño en este aspecto)

Hontoria de Valdearados cuenta con un museo etnológico y algún vecino con gusto artístico cuyo buzón imita la fachada de una casa reflejada con todo detalle, incluso con una maceta y sus flores.

Visitamos de nuevo el bar y las charlas arrecian a medida que baja la espuma de las cervezas. Julián tiene que venir a rescatarnos de estas sirenas rubias en vaso y nos dirigimos a comer al granero, un edificio multiusos con teatro en el que más tarde representarán Muerte de un Viajante de Arthur Miller. Y vaya con la comida, es un conjunto de delicatessen compuesto por chuletillas a la brasa, tortilla de patata con huevos de gallina de corral que le aportan un color amarillo vivo muy llamativo y bonito frente a las paliduchas tortillas habituales de huevos procedentes de gallinas presas que tienen que estar muy malitas. ¡Vivan las buenas tortillas de patata! Sí, pero, ¿con o sin cebolla? Aquí sí tendríamos una tertulia interesante no como en esas emisoras de radio que se oye cada cosa… y todo es gravísimo.
También hay empanada, pan de Peñafiel que recuerda la torta, embutido, queso de cabra, panceta, morcillas de Burgos, claro; un rosado de la tierra y de postre torta de chicharrones aromatizada con anís. Da pena tener solo un estómago. Es difícil de creer, pero sobra comida. Decididamente somos pocos.

Después de comer salimos del granero y mientras permanecemos acodados a un puente sobre el río Javi desvela los misterios de la pesca que si la trucha se situaría aquí y allá por esta razón y esta otra mientras corriente abajo navegan espaciadas rápidas peras, manzanas y membrillos que algún lugareño ha bautizado brindándonos una de esas escenas surrealistas que en un primer momento cuesta creer. Saben aquel que está un tío mirando puente abajo y pasa una pera por el agua… Bueno bebimos algo de vino, pero tanto, tanto, nooo.
Una última visita al bar para espabilar de la comida nos junta antes del regreso. El clan Alvear vuelve unido a la ciudad y el otro vehículo con nosotros dentro se dirige sin prisa a turistear por Coruña del Conde, su castillo y avión Saeta que choca por el marcado contraste entre ambos y la medieval y señorial villa de Peñaranda de Duero. Aquí visitamos la primorosa plaza con rollo donde se ubica el Palacio de Avellaneda (cerrado aunque estamos dentro del horario de apertura que indica el papel adherido a su misma puerta) y callejeamos un poco. La mayoría decide no subir al castillo que domina la zona asentado en lo alto del cerro. Recuerda por su situación y disposición parecida a un barco varado en una altura castellana al de Peñafiel que ahora alberga el museo del vino.
El camino continúa y Pruden indica con irónica y grata sorpresa como una chopera ahora a nuestra izquierda está siendo “invadida” por sabinas que pintan de verdes el espacio vacío entre los troncos blancuzcos de los chopos desnudos de hoja.
Las nubes se oscurecen sobre nosotros y descargan desaforadamente la valiosa agua que estorba la conducción pero viene muy bien para todo lo que hemos depositado en la tierra hontorina, hontoriesa, valarandina? Por favor, decidme como es el gentilicio de este pueblo burgalés. Pedro llamando a Julián, lugareño o conocedora. Cambio.

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miércoles, 2 de marzo de 2011

Experiencias en Aguilar de Campos

Llego tarde al vivero a pesar de que he madrugado. El sueño acumulado y el madrugón dominical se han aliado para ello. ¡Las nueve de la mañana de un domingo! Una espesa capa de niebla sigue reinando dentro de mi cerebro. Por suerte fuera el tiempo acompaña más aunque se aprecian signos de un próximo cambio meteorológico. Nada más aparcar me saluda Virginia que vuelve de comprar el periódico. El grupo de arberos bulle y Ana, la peque de Raúl corre a darme un abrazo. Así da gusto que le reciban a uno y obtengo una carga extra de alegría y energía. Raúl y sus dos princesas vienen a estrenarse en esta temporada de plantaciones. Uno de los almendros del arboreto resplandece con sus flores blanco-rosadas iluminando el lugar mientras sus compañeros desnudos todavía duermen el sueño invernal. He llegado el último (que vergüenza) y JoseLuis, el jefe de la micorriza azuza impaciente: pero vámonos ya!, con quién vas? Toda la planta y herramienta está cargada y JoseLuis lleva también una garrafa de cinco litros para dar chupitos de micorriza de Pisolithus Tinctorius, un hongo de aspecto negruzco que una vez seco se puede reducir a puro polvo con millones de partículas micorrizantes. Antes de llegar a destino, es decir a la parcela experimental de Aguilar de Campos alguien recogerá a Txomin en su pueblo. Pero también hay otras paradas en Medina de Rioseco a comprar pan y pastas. En este momento coincidimos el coche de Ricardo en el que viajo y el de Raúl. Mientras Ricardo acude a la panadería, bajo a estirar las piernas y Ana me hace señas y me pide que suba al coche de su pa y continúe con ellos hasta la parcela. Quién puede negarse. Yo no, desde luego así que hago este enroque dinámico y continuamos rodando. Antes de girar abandonando la carretera nacional a lo lejos se ven chispazos blancos intermitentes en una línea eléctrica. Dada la claridad del día, tienen que ser muy intensos, recuerdan un poco a los fastidiosos relámpagos estroboscópicos de los aerogeneradores que son capaces de hacer perceptible su destello indirectamente, reflejado en el cielo despejado de la noche como he tenido ocasión de comprobar con disgusto alguna vez. Pero por la zona de estos brillos repentinos no hay ningún molinazo así que concluimos que el fenómeno ha de darse en la línea eléctrica. Me pregunto si el Sol estará haciendo de las suyas enviando partículas cargadas hasta nosotros o si será cosa de la propia línea eléctrica.

Los caminos están completamente secos y no suponen ningún obstáculo al tránsito. En algunas tierras no obstante todavía permanecen charcas de dimensiones apreciables. En la parcela hago una cuenta y no me fío de los números así que Ana me ayuda y me sorprendo de que seamos 18 personas las que hemos acudido. JoseLuis ya ha empezado a dar instrucciones y se tienden cuerdas entre el damero de estacas para formar una cuadrícula. En cada cuadrado una planta. De la cinta roja para allá estos quejigos. Cada planta con su protector y en esta zona de cabecera de cuadrícula cada árbol con un jazmín. Antes de que empecemos a cavar llega Álvaro con sus gafas de Sol y su chaquetón de camuflaje. Esteban, Raúl y David se marchan a la zona baja junto al arroyuelo para contabilizar planta de otras veces y ver como le va a sauces y otras criaturas hincadas en la tierra.
Para no desmentir su costumbre, sopla un viento intenso e incesante. Comentamos que siempre hace viento aquí, como un desabrimiento de Tierra de Campos.
Esta vez no nos hemos puesto a plantar como locos nada más llegar. En cambio escuchamos las indicaciones de JoseLuis y trotamos detrás de él para plantearle dudas o pedirle labor concreta.
La tierra es compacta y puedes sacar completa la tajada de la pala, pero no está dura como en un verano seco ni se tropieza con piedras que estorben. Mientras Inés comienza a aburrirse de clavar la herramienta en la tierra, Ana ha tomado una azada pequeñita de unos 50 cm. de altura, acorde a su condición infantil y después de pasar un buen rato ayudándome se independiza y hace un hoyo en su propio cuadradote de tierra. Paz se ha arrepentido de venir con poca ropa porque está pillando un trancazo y detrás de sus gafas semioscurecidas los ojos tienen ese delator brillo catarral secundado por la punta de la nariz colorada. Lástima de primera vez, aunque a pesar de todo sigue dando batalla y plantando. Esteban y Mamen dan un chupito de Pisolithus a un grupo determinado de plantas y para rematar JoseLuis esparce dentro de algunos protectores semillas de espárrago silvestre con el objetivo, entre otros, de que una vez crecidos pinchen las hojas de los Quercus y no las dejen escapar. Alguien ha debido de dar jaque mate y JoseLuis toca la bocina de fin de jornada aunque queda planta en los alvéolos pero no cumple no se que condiciones joseluisianas y ahí se queda y se lleva de vuelta al vivero.
Un par de nazarenos (Muscari neglectum) se adelantan a la semana santa de este año y salpican con su morado de uva tinta la cuneta y el terraplén. Es una inflorescencia en racimo muy curiosa que da impresión de fertilidad, de abundancia, con sus numerosos elementos a pesar de su minúsculo tamaño.
Ahora toca almorzar y las aceitunas queso y embutido se trasladan primero a nuestro esófago y luego ya veremos. También hay vino y aparece una botella del afamado y apreciado tinto joven de David. Dos cajas que han traído briks colocadas boca abajo sostienen una plancha de aglomerado chapado en blanco en funciones de mesa. Como es bien sabido todo sabe más rico en el campo y después de trabajar no te cuento, cada bocado un festín. El viento sigue soplando igual a sí mismo y el almuerzo se hace por tanto en la cuneta, resguardados de su soplo en lo posible por los coches. Todo domingo tiene su lunes y así, los coches arrancan y desaparecen atraídos por el imán urbano con sus manecillas implacables. El campo vuelve a su calma de todos los días, a la soledad desnuda del invierno esperando en el nuevo nacimiento que la rueda de las estaciones sea clemente este año. Creo que si le es posible nos echará de menos atesorando las risas, la agitación y el alboroto asperjado por el aire de ese grupito que vuelve a sus ocupaciones. Sin duda lo ha de preferir al ronquido monocorde de los tractores batiéndose en su lucha con la tierra pero cada vez más desconectados de ella, ahora incluso guiados por GPS.

P.S. El señor de la micorriza alza una planta sacada de un alveólo de plástico flexible y con el triunfo en la voz nos entera de que se ve el micelio de las micorrizas. Después se aleja con su trofeo para mostrárselo a Esteban, David y Raul que se afanan cerca de los arroyuelos en la parte baja del terreno.