ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN

DEL BOSQUE AUTÓCTONO EN VALLADOLID

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MARTES de 19:30 a 21:30 h. en el vivero:

Facultad de Medicina, entrada por c/ Real de Burgos s/n (frente a la residencia Alfonso VIII)

lunes, 5 de marzo de 2012

En Hontoria


Os confesaré algo en el estilo de los que escriben como si hablaran a los lectores: siempre me ha gustado la ciencia ficción. Hay quien la tiene por poco seria, mera caja de historias más o menos imaginativas o fantasiosas. Para mí es un campo magnífico a tener en cuenta; estar atentos a las ideas que surjan solo puede traer beneficios y en ocasiones vislumbres del futuro. Si además te distrae, qué más puedes pedir.

En algunas obras se trata de los viajes en el tiempo quizás como forma de compensar la frustración que puede suponer nuestro paso efímero por este planeta, un consuelo a base de crear otras realidades, otros mundos. Y recién salido de una de estas historias mi cabecita tuvo una inspiración. Quién dura diez mil años o el número exagerado que queramos escribir de ellos. Lo veo claro, la fascinante Naturaleza, un ente que cambia y resiste adaptándose maravillosamente a los límites que le marca cada uno de los entornos donde se desarrolla. Será posible que uno más de sus miembros consiga convertirse en una sinécdoque de ella?  Confiemos en que no. Hagamos votos porque una especie más, la nuestra, no pase a ser una especie de más. Bien mirado, con la perspectiva suficiente alguien podría pensar que sobramos nosotros así que parece razonable dedicarnos a la tarea de cuidar de nuestra casa, esa nave azul que zarpa de las estrellas de invierno hacia las de primavera sin dejar de recibir la sonrisa generosa del Sol.



Y en esa tarea nos encuentra a los arberos el sábado 3 de  marzo de 2012,  reunidos en el vivero que hoy nos empaqueta en coches y con un impulso firme lanza al grupo hacia Hontoria de Valdearados  en el Burgos cercano a Aranda no sin pasar primero por Peñafiel a recoger el excelente pan de coscoja --a medio camino entre la torta y un pan propiamente dicho-- de la panadería junto al puente. Cómo huele en ella! Sin duda este ha de ser uno de los aromas que los dioses eligieron para su ambrosía. Los almendros todavía no han florecido este año así que sus flores frescas no alegran nuestra vista mientras los coches cortan el paisaje y estropean la calma ancestral de Castilla. En cambio a Raúl le florece un enorme pedazo de pan de coscoja en la mano para compartir con los pasajeros de su cuatro ruedas al tiempo que le chispean los ojos segovianos. Digamos que ese pedazo podría pasar por una magnolia más que por una rosa.



A la llegada al pueblo, todo está tranquilo. Julián está siendo entrevistado en el bar por una periodista que le graba con un cacharrito tecnológico que parece un lector de mp3 y al acabar le pide fotos de la plantación lo antes posible. Nos saludamos y tomamos un aupa fuerzas previo a la labor. Raúl y él se sonríen y se funden en un cálido abrazo que dice mucho de andanzas pasadas comunes. Los arberos migrantes de Madrid son conocidos de otros años y el grupo se divide unos hacia la ribera a solventar marras y otros a comprar comida para el ágape posterior. Este año una de las novedades es la presencia de Adolfo de Txirpial con su característica energía de acero bien templado. La animación crece y culmina cuando Raulet al volante de su coche repleto sube el volumen de Viaje con Nosotros de la Orquesta Mondragón en el punto de arranque desde donde nos encaminamos con la planta bien segura en la furgoneta juliana, los briks depositados en cajas amarradas de tal manera que si un gigante con fuerza cogiera el espacioso vehículo y lo agitara furioso no se desparramaría ni una sola. Llama la atención entre toda la herramienta que trae una pala trapezoidal de mango en “T” tan desgastada por el uso que ya no es ni la mitad de pala que era antes. Aquí lo de usar y tirar no tiene sentido.



Los protectores de malla negra ya traen hechos los agujeros para insertar las cañas de bambú y se colocan de maravilla. La tierra ha retenido humedad de las escasas lluvias y los bambúes con un corte al bies en uno de sus extremos se hincan de maravilla. Las plantaciones se agilizan mucho cuando se cuenta con protectores listos para ser colocados.

Los saúcos y las estaquillas de sauce refuerzan a sus compañeros supervivientes en las dos terrazas a diferente altura cercanas a un pequeño curso de agua que no lo he comprobado pero creo que va seco. El camino de acceso de tierra está muy cuidado y no presenta ni un solo bache lo que se explica viendo el abundante uso por parte de los agricultores de la zona que vemos pasar a bordo de tractores de varios tamaños con o sin remolque atrás. Misael asegura que hay muchos que trabajan fuera y solo pueden atender los cultivos los fines de semana y por ese motivo hay tanto movimiento. El clan Alvear tiene en Jose Luis a un maestro dedicado a instruir a María una recién llegada a ARBA VA que después se lo pasa en grande a juzgar por sus risas. Por el momento escucha y aprende cómo plantar de mano del intrépido Alvear.



Al cabo de poco tiempo la planta traída se ha acabado. De haber transportado más se habría plantado sin problema ya que hoy somos muchas manos, alrededor de una veintena de personas. Aunque en este rincón apenas queda espacio para nuevas plantas.



De vuelta al pueblo se comenta sobre la celebración del bicentenario de la lucha contra los franceses en Hontoria. Parece que este año la francesada tendrá un impulso añadido con la efeméride.  De nuevo en el bar la mujer que atiende nuestras comandas nos recibe con una sonrisa agradecida de tener el local con más sustancia de lo habitual. Un futbolín nos llama a jugar y se crea un ambiente de diversión donde los equipos de Pilar y Raúl o de María y Mónica o más tarde de Amanda y Raúl se ven tocados por actuaciones de gloria mientras David con su zorrería de viejo lobo de futbolín endosa goles a diestra y siniestra.

Un rato después entra Julián para avisar de que ya podemos ir al galope hacia el granero donde se come todos los años. Fuera la parrilla está sobre las brasas y dentro en mesas sobre caballetes se empieza a disponer platos y alimentos. Al final hay incluso chupito no tan tradicional como a muchos les gustaría pero sí con cremas de orujo de colores vivos.

Los madrileños recogen con brío para regresar pronto a las casas cercanas a la capital. Los de Arba Va remoloneamos más y acordamos parar en el camino de vuelta en Haza, un pueblo culminando un alto del páramo con torre y fragmentos de murallas que se ve desde la carretera Soria antes de llegar a Peñafiel. Adolfo se une a nosotros y juntos visitamos el pueblo, desierto a esta hora de la tarde. Desde la atalaya de Haza el viento sopla y la vista abarca kilómetros de la extensión castellana ahora parda y mustia pero conteniendo el aliento verde de la cercana primavera que ya tiene que empezar a llamar a la puerta. Quién se levanta para abrirla?



La última parada antes de destino se hace en Peñafiel donde visitamos el Pino Macareno completamente rodeado de casas bajas. Le medimos usando como módulo base el del arbero Sergio, a razón de metro ochenta y cinco  calculamos unos 17 sergios de altura y unas cuatro personas de diámetro.


Fotos de la plantación en Hontoria de Valdearados

Pincha aquí para ver la fotos de la plantación en Hontoria de Valdearados

viernes, 24 de febrero de 2012

Plantación en Muriel de Zapardiel

Esperando como agua de Mayo la crónica de la plantación, os adelantamos: las especies que se plantaron, mega-noticia y fotos.


Especies plantadas:

106 Almendros (Prunus dulcis) 15 Olmos (Ulmus minor)
16 Tamarices (Tamarix gallica)
48 Jazmines (Jasminun fruticans)
21 Rosales silvestres (Rosa sp)

Participaron 62 personas

Muriel


Pincha aquí con el ratón para ver las fotos

jueves, 16 de febrero de 2012

Permafrost en Fontihoyuelo

En los pueblos pequeños pueden aparecer tesoros insospechados, no se sabía de su existencia o solo eran conocidos por un número reducido de personas pero sin duda están ahí y cuando salen a la luz sorprenden.
Fontihoyuelo, cercano a Villalón en una zona que se barajaba como posible receptora del almacén de residual radiactivo perdida en los confines de la provincia de Valladolid lindando casi con la de Palencia ha sido ignorada para tal fin en favor de otra localidad castellanomanchega, otro lugar lindando con ninguna parte para que los habitantes no protesten. Esto me comentaba uno de los plantadores que nos reunimos cerca de la fuente de Fontihoyuelo al lado de una junquera propiciada por ella el domingo 5 de febrero a plantar encinas, quejigos (en las laderas) y fresnos en la hondonada tocada por los juncos.
Gente joven de la zona interesada en que no muera crearon una plataforma para que no cayera cerca lo que se suele llamar el cementerio nuclear y buscando además impulsar la vida contactaron con ARBA VA para ver como era eso de plantar y dónde podría ser.
Y en ese mismo afán de propulsar la vida y su base vegetal Pruden trae por primera vez a su sobrino Álvaro de cinco años encantado de venir y de ser el centro de atención de tantas personas mayores que escuchan su aún vacilante discurso. Plantar también en las cabezas como suele decir Esteban poniendo las semillas del futuro.

Muchos arberos también se han contagiado de ese espíritu y acuden más o menos somnolientos a las nueve al vivero donde hay unas esculturas de hielo que se han formado por accidente al abrir indebidamente una llave y fallar una membrana de electroválvula que ha dejado pasar el agua a los difusores. Este riego sumado a las temperaturas bajo cero ha creado unas capas de hielo espectaculares alrededor de tallos y hojas por suerte solo de una zona del vivero. Parecen esculturas de altura inverosímil en hielo pues el agua al caer casi vaporizada se ha ido acumulando capa a capa llegando a alcanzar grosores de hielo considerables y formándose carámbanos que cuelgan de los cables que sostienen el sistema de riego y por debajo de los alvéolos depositados en mesas de rejilla metálica. Precioso pero a ver si sobreviven las plantas congeladas que son unos cuantos alvéolos y briks.

Unos cuantos arberos y coches salen por la carretera. En Medina de Rioseco hay parada obligatoria en la panadería Elías Marcos protegida por soportales y puerta de jambas de madera como el marco del ventanal. Su panes de los que se pueden comer solos por lo delicioso y las demás elaboraciones suelen ser muy ricas. Cada vez hay menos panaderías que vendan pan, pan.

Por fin llegamos al pueblo sin cruzarnos con ningún vehículo desde Villalón, la localidad importante más cercana, tributo a la despoblación y el domingo. Apenas hay gente visible salvo cuando alcanzamos a los arberos. Los lugareños que encontramos van caminando hacia la zona a plantar o están allí. Con la planta descargada a suelo el grupo vacila dudando donde empezar a cavar hoyos. Pruden da unas indicaciones sobre el método a seguir y nos guía con seguridad: los quejigos y encinas a esas laderas y los fresnos cerca de la junquera pero respetándola.


Es agradable que se escuche con atención y humildad a los que aportan instrucciones sobre el modus operandi y no es tan común como debiera. A veces se topa con la típica reacción de ego protuberante tipo a mí me vais a enseñar a hacer esto que curiosamente suele ser una buena receta para cagal.la Por fortuna no es el caso y un grupo se especializa en armar protectores con la malla fuerte que han traído desde el pueblo mientras los demás cavan, plantan, rellenan de tierra y la calcan alrededor del arbolín rodeado por un hermoso protector de malla plástica verde.


El suelo en las zonas más frías está congelado en su parte superior y cuesta removerlo con azada o palín, duro como si casi fuera roca. Afortunadamente somos un buen grupo de más de veinticinco personas y eso hace que la labor avance a buen paso de modo que en hora y media un bosquete de cilindros de malla verde se extiende sonriente sobre vaguadas y laderas cercanas al pueblo. Un grupo de lugareños y niños llegan rezagados a tiempo de echar un vistazo y ver como ha quedado todo. Muy bonito y llena de orgullo verlo a pesar de que haya algunas filas de protectores que resultan poco naturales, demasiado rectas para obtener en el futuro la impresión de no artificial, pero es buscar un pero, lo reconozco.


Álvaro ha plantado junto a su tío y como suele ocurrir ha tomado confianza conmigo y al verme corretear perseguido lúdicamente por Amanda percibe mi punto débil y comienza a jugar como si yo fuera un igual suyo con edad similar.

El lugar de encuentro con funciones de comedor, una sala alargada en la que entra el Sol con timidez y apenas si cabemos reúne a medio pueblo y los arberos confundidos por la fastuosa sucesión de platos que pasan por la mesa y nuestras gargantas. Para empezar platos con embutido, empanadas y tortillas que se han traído o aportan desde el pueblo. Pero esto es solo la puerta que da paso a unos cuencos de sopa de ajo, garbanzos con callos y chorizo, liebre al vino tinto y una porrusalda excelente. En broma comentamos que para bajar el festín habrá que hacer otra plantación por la tarde. Es increíble el tamaño de la olla de porrusalda y como llega hacia el final justo antes de la tarta-quesada, sobra por más que se repita. Y con generosidad visto el aprecio que hacemos de la porrusalda nos ofrecen llevarnos unos cubetes llenos. Tres o cuatro se volverán a Valladolid para seguir con el disfrute gastronómico. Los ojos como platos se quedan fascinados al ver tooda la comida que nos han ofrecido y que nos hemos entripado con mucho gusto. Echo en falta al peque, no está en la sala que de corriente da servicio de Internet con unos ordenadores dispuestos en una mesa alargada pegada a la pared pero hoy en la mesa grande ha servido de restaurante improvisado. Álvaro ha hecho migas con otra criança y están afuera pateando un balón.

Ahora llega la despedida y la diáspora. Aplaudimos agradecidos el estupendo banquete ofrecido y alguno se vuelve a Pucela al tiempo que los demás rodamos a Villalón para tomar un cafés en el bar. De allí nuevamente nos dividimos y la mayoría acudimos a Tamariz de Campos para comprobar como andan los pájaros de agua en la laguna cercana a la esclusa 7 del canal de Castilla. Desde el observatorio de madera distante unos ciento cincuenta metros donde algún cabestro rompió el puro metal del trípode y se llevó el telescopio instalado en él los patos parecen dormidos o al menos reflexivos e inmóviles flotando en el agua ondeando ligeramente mecidos por el movimiento del agua a salvo de depredadores terrestres. Solo una solitaria garza parece tener vida animada en el otro extremo de la laguna. Una rapaz, creo que aguilucho lagunero se cierne y aterriza entre los carrizos confiando encontrar la cena antes de que el Sol se vaya. Otros dos laguneros cabalgan el viento que sopla de componente Norte. Alrededor la luz mengua y regresamos a la esclusa 7 donde otro coche se aleja hacia la ciudad. Los últimos remoloneamos por las cercanías del canal y empujados por algún espíritu vivo tomamos saboreando el placer de demorarse el camino de sirga hacia el acueducto que a escaso medio kilómetro permite el paso del canal sobre el río Sequillo que en este día podría llamarse Heladillo. Unas escaleras que bajan desde el camino de sirga por el que en los tiempos antes de la electricidad troncos de mulas arrastraban las barcazas dan acceso a la ribera del río y desde aquí vemos en los ojos delacueducto que las pérdidas del canal se han congelado formando carámbanos. El mismo río, corriente arriba del acueducto, completamente helado de orilla a orilla, sostiene piedras de buen tamaño que no han podido romper la capa de agua sólida. De dónde vendrá ese acto casi reflejo de tirar piedras al agua rompiendo su perfecta lisura.


Al regresar a la esclusa donde esperan obedientes los coches la mole del antiguo edificio harinero nos recibe avanzando hacia la penumbra mientras el Sol juega al pespunte con las nubes bajas del Oeste resultando una puesta de luz increíble, espolvoreada en rojo en las cercanías de nuestra estrella y con tonos menos vivos donde las nubes tocan el horizonte. La Luna cercana a llena oculta a ratos su gravidez entre nubes. Siempre es más tímida de día revelándose en esplendor cuando Manuel se va a dormir. Tierra de Campos podría ser declarada por derecho propio zona de atardeceres patrimonio de la humanidad.

El asombro

La tarde cede su testigo a la noche, la Luna y las estrellas en el cielo mientras en el exterior hacemos mezcla juntando en proporción determinada mantillo, turba y arena añadiendo al final NPK un granulado abono de liberación lenta que contiene el nitrógeno, fósforo y potasio esenciales para las plantas de alvéolos y bríks.
En ese momento de luz incierta aparecen una chica y un chico preguntando por ARBA qué es, qué hace, cómo, cuando… El tiempo de entrar al local para coger una paletita con la que comenzar el desmenuzado de la turba les sirve para desaparecer, fantasmas de la tarde.
Seguimos con el trajín arbero, dentro del local repicando alvéolos y fuera con la hormigonera naranja para mezclar sustrato, no para ladrillo. Transcurren los minutos y las horas ven llegar a más arberos que acaban abarrotando el gran pequeño cuarto estrecho y alargado. Dentro de él la mezcla es traspasada desde la cubeta con ruedas a briks y macetas en la zona de la mesa y luego en el otro extremo se forma un grupo que mezcla y amasa bolitas de nendo-dango con vistas a la próxima plantación en Tierra de Campos en concreto en Fontihoyuelo.
El ritmo de repicado a briks es tal que me veo haciendo viajes con cajas de las que suelen contener fruta trasladando a aquellos y a macetas con cotoneaster y encinas al exterior para dejarlos en compañía del resto de los habitantes silenciosos del vivero. Y a cada vez que vuelvo una nueva caja está casi repleta para sacar y hay que hacerlo de inmediato para caber dentro. De hecho somos tantos en el exiguo local que el movimiento se ve entorpecido pero no así la actividad acelerada por la profusión de manos.
La chica y el chico han vuelto y colaboran en la migración de plántulas embutidos alrededor de la mesa de mármol. Nuevamente abandonan la reunión obligados por otro compromiso y a su regreso muchos arberos han emigrado incomprensiblemente ajenos a la atracción gravitatoria del banquete que se avecina con torta del Casar, un brazo de gitano con Mouse de chocolate o una empanada que emocionan solo de verlos.  Una vez más hay que dar la razón a Adolfo: todo termina con trabajo de mandíbulas.
En medio de comentarios arberos y de noticias del ámbito ecológico referidas a captaciones de gas en lo que llaman fractura hidrológica o algo así a las que cuesta dar crédito por su estupidez esférica (lo mires por donde lo mires, parece estúpido) él y ella no acaban de creerse el desfile de esas joyas gastronómicas y a juzgar por la expresión de asombro en el rostro femenino también se maravilla justo antes de la despedida de haber llegado a un oasis en el que las manos simplemente están abiertas y dan sin curvarse como garras sobre cualquier elemento, material o no, en provecho propio.


Esa expresión de asombro maravillado e incredulidad resulta inspiradora; desmintiendo al clásico, siempre hay algo nuevo en ARBA. El presidente de ésta, nuestra asociación, juzga con acierto total cuando afirma que el vivero –que curioso-- nos aporta vida quizá, pienso yo, en justa retribución.