ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN

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viernes, 30 de abril de 2010

Plantaciónes en Aguilar de Campos y Moral de la Reina

(Actividad realizada el 6 de marzo)

LA CRÓNICA DE PEDRO

No hemos encontrado ningún eslizón en la parcela de Aguilar. No obstante todos los sauces a raíz desnuda han sido plantados este 6 de marzo de 2010 en una tierra blanda que rezuma agua a la profundidad de una palada y media. El ansia de agua de estos árboles queda satisfecha de momento. Se han dejado verticales en ambas orillas de los dos brazos de arroyo para que en el futuro sufran lo menos posible la previsible carencia hídrica. Sus cauces acumulan agua ahora y es que este invierno 2009/2010 está lloviendo en serio.

Es fácil hundir más los protectores ya clavados en la tierra y aprovechamos para darles un repaso. Así el viento que sopla sin misericordia ni pausa respetará su verticalidad y por tanto su función. En esta ocasión solo hemos visto dos de ellos tirados en una de las cunetas de la parcela, la más cercana a la carretera de León.

Habituados a trasplantar cepellones extraídos de alveolos o briks de interior ennoblecido con las raíces de una planta y tierra se hace un poco raro por comparación ver la altura de los sauces terminado el proceso de plantado. Con dos savias (creo) se han desarrollado de forma considerable y si esperamos otro año más hubiéramos necesitado --exagero-- una excavadora pequeñita para sacarlos del vivero ¡Con que fuerza se prenden a la tierra y extienden sus raíces!

El camino hacia la parcela se abre desde la carretera en un corto primer tramo asfaltado seguido del traicionero barro con sus piedrecitas dando una falsa impresión de seguridad y agarre para los neumáticos. Impresión desmentida por las llamadas telefónicas de aviso y la llamativa orla de barro que rodea y levanta, inverosímil por su cantidad, las botas de Txomin acercándose a nosotros transfigurado en un hombre de los setenta con calzado de plataforma.

Los avisos telefónicos y las botas de Txomín tienen un tinte irreal, exagerado pero la contundente presencia del coche orillado y peligrosamente cerca de la cuneta al final de un signo de cerrar interrogación dibujado por las roderas sobre el camino es el golpe que te devuelve a la realidad. Varado en el barro e impotente como una barca al retirarse el mar sus ruedas patinan en un inútil giro estacionario. No sirve acelerar. Solo el empuje humano libera al cuatro ruedas de ese abrazo viscoso del barro succionador. (No tiene demasiado que ver pero me viene a la memoria por similitud el vehículo de exploración que ahora mismo mientras escribo tiene hundida una de sus ruedas en el suelo marciano y ha quedado inmovilizado sin nadie que le de un buen empujón para desatascarlo después de meses de intentos del control de Tierra para liberarlo).

¿Se siente sola esta Tierra de Campos y nos retiene para ahuyentar la tristeza y el frío? Una compañía le falta, no hay duda. Solo hay que escuchar el lamento incesante del viento. Algo echa de menos. ¿A quien llama? ¿Qué ausencia dolorosa, recordada, le hace aullar como el lobo y zarandear a los arberos?

¿Busca en nosotros, criaturas ruidosas, el susurro arrulllador e hipnótico de ramas y hojas de árboles ausentes imitando el dulce sonido de ríos y arroyos cantarines?

La sensación gratificante después de la plantación se contrapone a la dura constatación de ser una gota en un mar de cultivos, un desierto para la vista salvo en la primavera verde. Pero como en todas las cosas siempre se empieza con un primer paso. Y un primer paso en apariencia insignificante en su pequeñez puede acabar si te descuidas llevandote al otro extremo del mundo. Me pregunto si llegado a las antípodas todavía recordará alguien su primer avance. A mi no me mireis, soy de memoria flaca. En cualquier caso, "alguien" tuvo que poner el primer grano de arena de las playas y fíjese usted como están ahora. ¿Una selva amazónica en la meseta castellana? Eso sí que es ser ambicioso, ¡sí señor! No se, no se... Este año está lloviendo tanto... Atrevámonos a soñar antes de que lo graven con impuestos.

Por todas partes la mirada topa con charcas que la tierra es incapaz de sumir. El agua fluye o se estanca en arroyos y regueras. En Moral la plantación ya ha concluido para cuando llegamos a ella andando al lado de un camino intransitable por el barro y las charcas. Decenas y decenas de protectores se yerguen en mudo desafío a la horizontalidad de la región, a la lampiña superficie de Tierra de Campos. Álvaro nos permite subir en el remolque del tractor para la vuelta. Nos reunimos para la bien ganada comida que gentilmente ofrece Álvaro y su familia en un salón con mesas cubiertas de platos rebosantes de dones del cerdo y botellas de buen vino. Entre bocado y bocado se intercambian impresiones sobre temas rurales y ecológicos con vehemencia. Esteban hace gala de sus dotes para el diálogo y es una de las voces cantantes. Una bendita y maravillosa mujer no cesa de acercar platos a la mesa con salchichas al vino tinto y otros manjares ocupándose al tiempo de que no falte el pan.

Después de saciar el hambre de comida salimos hacia el bar del pueblo, verdadero espacio común donde se mezclan las generaciones. La conversación se relaja y expande recorriendo temas y anécdotas amenas. Es entonces cuando llega el activo Efrén que con su habitual energía ha tenido tiempo de estar plantando en Moral, comer con un familiar en un pueblo cercano y volver para la tertulia. En breve afrontará otra aventura más por el ancho mundo y me pregunto si el nuevo brillo que asoma en sus ojos se debe a este reto.

Por una vez sin prisas, los últimos remoloneamos y paramos en las fuentes del Hornija que Ignacio deseaba ver hace tiempo. Disfrutamos del placer de demorarse y llegamos al vivero con la tarde muy avanzada para devolver las herramientas a su sueño en la oscuridad hasta que no tardando mucho vuelvan a aportar vida removiendo la tierra.

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