ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN

DEL BOSQUE AUTÓCTONO EN VALLADOLID

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jueves, 21 de abril de 2011

Tarde en expo Arba Va

De nuevo persisto en la soledad de mis pensamientos mientras permanezco sentado al cuidado en la expo Arba Va en el C.C. Juan de Austria. La sala es amplia y tiene ventanas en tres paredes, la iluminación debería ser por tanto generosa pero no es así y por lo tanto los focos permanecen encendidos. Los interruptores tienen una disposición funcional extraña. Uno de ellos enciende todos los focos que iluminan las paredes. Otro enciende un único foco. Abro las ventanas, hace calor y no quiero que las plantas se tuesten ni el que suscribe tampoco. Ayer las hemos regado bien, incluso en exceso previendo la elevada temperatura.

Al lado pasa la carretera que nos separa de elcorteinglés donde se congrega la procesión de las compras sabatinas. Los coches están aparcados unos encima de otros y me imagino el gentío que debe estar circulando por el interior de ese edificio cerrado con su circulación artificial de aire. Aquí el aire se mueve entre las ventanas abiertas y la luz natural del atardecer y la luz del Sol que amarillea paredes de edificios contiguos me hacen suspirar por ellos. En contrapeso aquí no tengo los delicatessen cortinglesinos si bien es cierto que tampoco he de pagar por ellos.

Los vecinos de la planta son en su mayoría jóvenes que con el entusiasmo de su edad alborotan bien con sus gargantas bien con música. Algunos practican break dance o baile de esos que requieren buen desgaste muscular.

Pongo una flecha para indicar el sentido del recorrido. Nada más entrar a la derecha.

No aparecen muchas visitas. Parece que el personal ya se ha ido de vacaciones o bien está haciendo hueco en el sillón preparando el primero de una serie de partidos del siglo de este año, un madrí-barsa que a buen seguro vaciará las calles propiciando paseos tranquilos y casi nula actividad en las urgencias de los hospitales. Me relamo al pensar en esa tranquilidad y es que con el tiempo se saborea como un bocado jugoso o un buen vino que perduran en la memoria del gusto. Supongo que todo decanta mejor envuelto en el abrazo amoroso de la calma.
Un señor mayor entra con ojillos entrecerrados y comienza a pegar la hebra. Es de los Arribes y me entera de un tipo de injerto que desconocía, el de anillo. Me explica la técnica y me admira con ello. El trocito de corteza nada más quitarlo hay que meterlo a la boca porque se seca en seguida, se coloca yema con yema con la piel de la corteza alrededor y listo. Bueno, o algo así porque no se muy bien como lo haría yo de verme en la necesidad y es que todo tiene su técnica aunque parezca la cosa más sencilla del mundo. Desastres en el bricolaje me reafirman en esta opinión, sobre todo cuando miras el resultado de la chapuza y alguien dice o tú piensas: pero si es muy fácil. Depende de la confianza luego pueden venir insultos más o menos gruesos, descalificaciones y latigazos a la autoestima cuyo número va en relación directa con el parentesco.

Siempre me admiro de la cortesía y la educación de las personas más mayores. Saludan al entrar y pienso que quizá antes no había escuela, no había instrucción pero de alguna forma recibían educación.
Los jóvenes entran, echan un vistazo rápido y se dan media vuelta. Todo tiene que ser rápido para las generaciones multimedia, los nativos digitales. Los que más duran son los que están en la sala del fondo a la derecha con el caseto a buen volumen dispuestos al baile. También entra el despistado que pregunta donde están los servicios. Traspasas las puertas del fondo y a la izquierda. En la sala contigua debe haber una convención de no se qué juego de rol manga a juzgar por los peinados y ropas que muestran estos jóvenes.

Cuando me veo con el humor adecuado doy unas indicaciones a las escasas visitas. Resalto el roller del quejigo cuatro estaciones, retrato de David que titula El Guardián del Monte del estimable árbol al que ARBA Va ya le ha presentado sus respetos. El quejigo de invierno con una cencellada tremenda contrasta en blanco y negro con el resto de sus alter ego estacionales.

Se acerca la hora de plegar velas y dirigirme a puerto acompañada por un aumento del volumen de las músicas. Esto tiene que ver, sin duda, con las actividades del Vallanoche dirigidas a la juventud urbana. En el exterior el viento mueve las hojas de verde primavera de los árboles.
Cierro una ventana orientada al Sur y asomo la vista afuera. Una hermosa Luna me besa los ojos nítida, con sus mares contrastando vivamente. Hora de irse.

5 comentarios:

ELTRASGODELSUR dijo...

Genial e irrepetible su crónica rebuscando en los infimos detalles para glosar a traves de su prosa cuidada un esbelta y adecuada comparación entre las nuevas y viejas generaciones.DI-DÁC-TI-CO Y PE-DA-GÓ-GI-CO.

Pedro dijo...

Si es que me miras con unos ojillos tan tiernosss...
Bue, obrigado pela sua presencia repartiendo no como Chi Norris sino plantitas el día del Libro, como debe ser. Aplausos!

javier dijo...

Hay un tiesto segun se entra a la izquierda cuyo rotulo se ha perdido.Por lo demas me ha gustado

Pedro dijo...

Gracias, Javier, me alegro de que te gustara.

Según se entraba a la izda. creo que había un espárrago silvestre.

Saludos

Pedro dijo...

Gracias, Javier. Si no recuerdo mal, la primera planta entrando y hacia la izqda. era un espárrago silvestre.
Saludos